
Guía de fauna · Safari en Tanzania
Los abejarucos de Tanzania
Son pequeños, rápidos y de colores casi imposibles: verde esmeralda, turquesa, carmín encendido. Los abejarucos cazan abejas y libélulas al vuelo con una precisión asombrosa y anidan excavando galerías en los taludes de los ríos. Te contamos qué especies verás en el circuito norte, cómo distinguirlas y por qué son uno de los mejores regalos que da el safari a quien mira más allá de los leones.
En resumen
Los abejarucos son aves pequeñas e insectívoras, de plumaje muy colorido, que cazan abejas, avispas y libélulas al vuelo desde una percha y anidan excavando túneles en taludes de arena y orillas de ríos. En el circuito norte de Tanzania se ven varias especies: el abejaruco chico (el más común y menudo), el abejaruco frentiblanca, el abejaruco pechicanela y, de forma estacional, el espectacular abejaruco carmín y el abejaruco europeo. Son especialmente frecuentes cerca del agua, y el Lago Manyara y los ríos de Tarangire están entre los mejores sitios para observarlos.
Casi nadie reserva un safari en Tanzania para ver abejarucos. Se viene por el león, por el elefante, por la gran migración. Y sin embargo, cuando un abejaruco se posa en una rama seca a pocos metros del coche, con su verde imposible y su antifaz negro, y sale disparado a cazar una libélula para volver al mismo palo, es habitual que el vehículo entero se quede en silencio. Son de esas pequeñas maravillas que no salían en el folleto y que a mucha gente se le quedan grabadas más que un felino dormido.
Esta guía no es la de «aves de Tanzania» en general, que es un buen punto de partida para principiantes. Aquí nos centramos solo en una familia concreta, los abejarucos, porque merecen su propio capítulo: son fáciles de reconocer una vez sabes qué mirar, se dejan fotografiar como pocas aves y su forma de vida (cazadores aéreos de insectos que excavan galerías para anidar) es de las más entretenidas de observar sobre el terreno.
Te explicamos qué especies de abejaruco puedes esperar en el circuito norte, cómo distinguir unas de otras sin ser ornitólogo, dónde y cuándo buscarlas, cómo cazan y anidan, y algunos trucos para llevarte buenas fotos. Si llegas al Serengeti, a Tarangire o al Lago Manyara sabiendo mirarlos, estas joyas voladoras dejarán de ser un destello de color al borde del camino para convertirse en una parte memorable de tu viaje.
Lo esencial de un vistazo
Puntos clave
- 1Los abejarucos son aves pequeñas, coloridas e insectívoras que cazan abejas, avispas y libélulas al vuelo desde una percha y vuelven a ella para comérselas.
- 2En el circuito norte verás sobre todo el abejaruco chico (el más pequeño y común), el frentiblanca, el pechicanela y, según la temporada, el carmín y el europeo.
- 3Anidan excavando túneles de hasta un metro o más en taludes de tierra, orillas de ríos y cortados de arena; algunas especies crían en colonias.
- 4Son especialmente frecuentes cerca del agua: el Lago Manyara y los ríos de Tarangire y el Serengeti son de los mejores lugares para verlos.
- 5El abejaruco carmín y el europeo son migradores: no están todo el año, así que verlos depende de la época del viaje.
- 6Manipulan a las abejas antes de tragarlas: las golpean contra la percha y frotan el aguijón para descargar el veneno, un comportamiento fascinante de observar.
- 7Son de las aves más fotogénicas del safari: perchas expuestas, colores vivos y conducta predecible los convierten en un sujeto ideal para practicar fotografía.
Datos de un vistazo
Abejarucos que puedes ver en el circuito norte de Tanzania
| Especie | Cómo reconocerlo | Dónde y cuándo |
|---|---|---|
| Abejaruco chico | El más pequeño; verde, garganta amarilla y antifaz negro | Todo el año; sabana abierta y bordes de agua |
| Abejaruco frentiblanca | Frente blanca, garganta roja y babero negro | Residente; taludes y barrancos, cría en colonias |
| Abejaruco pechicanela | Verde con pecho color canela; zonas más altas y boscosas | Residente; laderas del Ngorongoro y bosques de altura |
| Abejaruco carmín | Grande y espectacular; carmín intenso y capirote azulado | Estacional (migrador); cerca de ríos y llanuras |
| Abejaruco europeo | Dorso castaño y dorado, garganta amarilla, vientre azul | Migrador (nov.-abr.); de paso, en bandos ruidosos |
Qué es un abejaruco (y por qué son inconfundibles)
Los abejarucos forman una familia de aves pequeñas y esbeltas, de pico largo y ligeramente curvado, alas puntiagudas y, en muchas especies, un par de plumas centrales de la cola alargadas que les dan una silueta elegante en vuelo. Pero lo primero que llama la atención no es la forma, sino el color: verdes esmeralda, turquesas, amarillos, castaños y ese carmín encendido de las especies más grandes. Pocas aves del safari son tan vistosas y, a la vez, tan fáciles de identificar como familia una vez las has visto una vez.
Su nombre lo dice todo: comen abejas. Y no solo abejas, también avispas, libélulas, mariposas y otros insectos voladores que cazan al vuelo con una agilidad extraordinaria. Suelen situarse en una percha expuesta (una rama seca, un tallo, un cable), vigilan el aire, salen disparados a interceptar la presa en pleno vuelo y regresan casi siempre al mismo posadero para comérsela. Ese ir y venir constante, tan predecible, es precisamente lo que los hace tan agradecidos de observar y fotografiar.
A diferencia de otras aves coloridas del safari, como la carraca lila, los abejarucos casi nunca se ven solos y quietos mucho rato: están en movimiento, cazando, y con frecuencia en grupos. Escucharás sus reclamos líquidos y aflautados antes incluso de localizarlos. Aprender a reconocer esa mezcla de color, silueta y sonido es el primer paso para disfrutarlos de verdad.
Las especies que verás en el circuito norte
El más frecuente y el que casi seguro verás es el abejaruco chico (little bee-eater), el más pequeño de todos: apenas mayor que un gorrión, verde por encima, con la garganta amarilla, un fino antifaz negro y un babero oscuro. Aparece en pareja o en pequeños grupos por casi toda la sabana abierta, sobre matas y hierbas altas, y es tan común que muchos viajeros lo ven varias veces al día sin saber que es un abejaruco.
El abejaruco frentiblanca (white-fronted bee-eater) es algo mayor y más llamativo, con la frente blanca, la garganta roja y un babero negro muy marcado. Es un ave sociable que cría en colonias excavadas en barrancos y taludes, con una vida familiar compleja en la que varios individuos ayudan a sacar adelante a los pollos. En zonas de altura, como las laderas boscosas del Ngorongoro, puede aparecer el abejaruco pechicanela (cinnamon-chested bee-eater), verde con un característico pecho color canela.
Y luego están las estrellas estacionales. El abejaruco carmín (northern carmine bee-eater) es grande, de un rojo carmín intenso y capirote azul verdoso, y su presencia depende de sus movimientos migratorios: verlo es un golpe de suerte que deja sin palabras. El abejaruco europeo, el mismo que muchos españoles conocen de casa, pasa por Tanzania como migrador entre noviembre y abril, a menudo en bandos ruidosos que se oyen desde lejos. No hay garantía con ninguno de los dos: forma parte del encanto de las aves que sí dependen de la temporada.
Cómo cazan: abejas al vuelo, sin picaduras
La forma de cazar de los abejarucos es un pequeño espectáculo que merece la pena observar con calma. Desde su percha, giran la cabeza siguiendo el vuelo de los insectos y, cuando uno pasa a su alcance, se lanzan en una persecución rápida y precisa, atrapándolo en el aire con un chasquido del pico. Luego regresan casi siempre al mismo posadero, lo que permite anticipar dónde volverán a aparecer, algo muy útil para el fotógrafo.
Lo más asombroso llega después. Comer abejas y avispas tiene un riesgo evidente: el aguijón. Los abejarucos han resuelto el problema con una técnica aprendida y sorprendente. Una vez con la presa en el pico, la golpean repetidamente contra la rama para aturdirla o matarla y, si es un insecto con aguijón, la frotan y la aprietan contra la percha para descargar el veneno antes de tragarla. Si tienes suerte de tener uno cerca y a buena luz, verás perfectamente esa secuencia de golpes y restregones.
Este comportamiento es tan característico que muchos guías lo usan para enseñar la diferencia entre mirar y observar. Un abejaruco no es solo un destello de color: es un cazador con un método refinado. Pedir al conductor que se detenga un par de minutos ante uno que está cazando activamente suele regalar una de esas escenas pequeñas que definen un buen día de safari.
Nidos en la tierra: galerías, taludes y colonias
Al contrario que la mayoría de las aves, los abejarucos no construyen nidos en los árboles: excavan. Con el pico y las patas cavan túneles horizontales en taludes de tierra, cortados de arena y las orillas erosionadas de los ríos, galerías que pueden alcanzar más de un metro de profundidad y que terminan en una cámara donde ponen los huevos. Por eso su presencia está tan ligada al agua y a los terrenos con paredes de tierra blanda donde poder cavar.
Algunas especies, como el abejaruco frentiblanca, son coloniales y muy sociables: decenas de parejas excavan sus túneles muy juntas en un mismo barranco, formando auténticas «ciudades» de agujeros. En estas colonias es habitual la cría cooperativa, en la que individuos que no son los padres (a menudo crías de temporadas anteriores) ayudan a alimentar a los pollos. Observar el trajín de entradas y salidas en una colonia activa es uno de los momentos más entrañables que ofrece el grupo.
Este modo de vida los hace, a la vez, algo vulnerables: dependen de que existan taludes y orillas adecuados, y las colonias pueden verse afectadas por cambios en los cauces o por la presión humana sobre las riberas. Es una razón más para observarlas con respeto, sin acercarse en exceso ni interferir en el ir y venir de los adultos que están cebando a sus pollos.
Dónde y cuándo verlos: Manyara, Tarangire y los ríos
Si hay un lugar del circuito norte asociado a los abejarucos, ese es el Lago Manyara. Es un parque pequeño pero de una riqueza de aves excepcional, con bosque de ribera, orillas y láminas de agua que concentran insectos y, con ellos, a sus cazadores. Muchos viajeros que llegan a Manyara pensando en los elefantes o en los leones trepadores se marchan recordando el destello de un abejaruco sobre el agua. Es, con diferencia, uno de nuestros sitios favoritos para presentarte esta familia.
Tarangire es otro escenario magnífico, sobre todo por su río, cuyos taludes ofrecen puestos de caza y lugares de nidificación. El Serengeti, con sus cursos de agua y sus zonas de kopjes y sabana, también depara buenos encuentros, en especial cerca de ríos y charcas. En general, la regla es sencilla: donde hay agua e insectos, y taludes cerca, hay muchas papeletas de encontrar abejarucos. Las especies residentes, como el chico y el frentiblanca, se ven durante todo el año.
La estacionalidad cambia con los migradores. El abejaruco europeo suele pasar por Tanzania en el «verano» austral, entre noviembre y abril, coincidiendo con la temporada de lluvias, y el carmín aparece según sus propios desplazamientos. Con las residentes no dependes del calendario; con las migratorias, verlas es un extra. Por eso, si las aves te interesan especialmente, conviene comentárnoslo al planificar el viaje: podemos ajustar fechas y rutas para maximizar tus opciones.
Consejos para fotografiarlos y disfrutarlos
Los abejarucos son, probablemente, de las aves más agradecidas del safari para practicar fotografía. Se posan en perchas expuestas y bien iluminadas, tienen colores que destacan sobre cualquier fondo y, sobre todo, su conducta es predecible: cazan y vuelven al mismo palo. Ese regreso constante te da algo rarísimo con las aves, que es la posibilidad de anticipar la acción. Enfoca la percha, espera a que salga y vuelva, y tendrás tus oportunidades sin necesidad de perseguir nada.
Unos apuntes prácticos: la luz suave de primera y última hora realza sus colores y evita los brillos duros del mediodía; conviene apoyar bien la cámara o el teleobjetivo en el marco de la ventana o en un saco de apoyo, porque son sujetos pequeños y cualquier vibración se nota; y merece la pena tener paciencia para captar el instante del vuelo o el momento en que golpea la presa contra la rama, que es cuando la foto cuenta una historia. Si buscas más ideas, tenemos una guía dedicada a la fotografía en safari.
Pero, por encima de la cámara, nuestra recomendación es que también sueltes el equipo un rato y simplemente los mires. Los abejarucos son de esas especies que enseñan a apreciar el safari más allá de la lista de grandes mamíferos. Un buen guía disfruta parándose ante ellos y contándote qué está pasando: qué especie es, qué está cazando, si hay una colonia cerca. Esa mirada atenta a lo pequeño es, muchas veces, lo que distingue un safari corriente de uno inolvidable.
“A mucha gente le sorprende, pero cuando paro el coche por un abejaruco, no por un león, casi siempre acaban dándome las gracias. Son pequeños, pero míralos: cazan una abeja en el aire, la golpean en la rama y se la comen sin que les pique. Para mí, un safari sin mirar las aves está a medias.
Preguntas frecuentes
Lo que probablemente te estás preguntando
¿Qué es un abejaruco?
Es un ave pequeña, esbelta y de plumaje muy colorido que se alimenta de insectos voladores, sobre todo abejas, avispas y libélulas, a los que caza al vuelo desde una percha. Tiene el pico largo y algo curvado y, en muchas especies, la cola con dos plumas centrales alargadas. Anida excavando túneles en taludes de tierra y orillas de ríos, y es una de las familias de aves más vistosas y fáciles de disfrutar en un safari.
¿Qué especies de abejaruco se ven en Tanzania?
En el circuito norte, las más frecuentes son el abejaruco chico (el más pequeño y común), el frentiblanca (que cría en colonias) y, en zonas de altura, el pechicanela. De forma estacional aparecen el espectacular abejaruco carmín y el abejaruco europeo, este último como migrador entre noviembre y abril. Las tres primeras son residentes y se ven durante todo el año; las dos últimas dependen de sus movimientos migratorios.
¿Cómo comen abejas sin que les piquen?
Con una técnica muy eficaz. Tras atrapar la abeja o avispa en el aire, regresan a la percha y la golpean repetidamente contra la rama para aturdirla o matarla. Después, si es un insecto con aguijón, lo frotan y lo aprietan contra la superficie para descargar el veneno antes de tragarlo. Es un comportamiento aprendido y fascinante de observar, y una de las razones por las que merece la pena detenerse un par de minutos ante un abejaruco que está cazando.
¿Dónde se ven mejor los abejarucos en un safari por Tanzania?
Cerca del agua y de terrenos con taludes donde puedan anidar. El Lago Manyara, por su riqueza de aves y sus orillas, es de los mejores lugares, junto con el río de Tarangire y los cursos de agua del Serengeti. La regla práctica es sencilla: donde hay agua, insectos y paredes de tierra blanda, hay muchas opciones de encontrarlos. Las especies residentes se observan durante todo el año.
¿En qué época del año se ven abejarucos?
Las especies residentes, como el abejaruco chico y el frentiblanca, están presentes todo el año, así que siempre tendrás oportunidades. Los migradores son otra historia: el abejaruco europeo suele pasar por Tanzania entre noviembre y abril, coincidiendo con la temporada de lluvias, y el carmín aparece según sus desplazamientos. Si te interesan especialmente las aves, conviene decírnoslo al planificar para ajustar fechas y rutas.
¿En qué se diferencia esta guía de la de aves de Tanzania?
La guía general de aves es una introducción amplia para principiantes, que repasa muchos grupos distintos y sirve para orientarse. Esta se centra solo en una familia, los abejarucos: qué especies verás, cómo distinguirlas, cómo cazan y anidan y dónde buscarlas. Si empiezas de cero, te recomendamos leer primero la general y luego esta para profundizar en uno de los grupos más coloridos y fotogénicos del safari.
¿Son buenos los abejarucos para hacer fotos?
Excelentes. Se posan en perchas expuestas y bien iluminadas, tienen colores muy vivos y su conducta es predecible, porque cazan y regresan al mismo posadero. Eso te permite anticipar la acción: enfocas la percha, esperas y disparas cuando vuelve. Con luz suave de primera o última hora y un buen apoyo para el teleobjetivo, son uno de los sujetos más agradecidos del safari, ideales para practicar fotografía de aves.
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